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rojo
azul
verde
amarillo
negro

“CUANDO VIAJO SIEMPRE LLEVO EN EL MALETÍN UNA ALGARROBA DE MONT-ROIG.”

“El color rojo es el color de la ermita de la Roca, y el que da nombre al pueblo.”

“EN PARÍS VIVIA EN UNA DESORIENTACIÓN ABSOLUTA. EN MONT-ROIG ME VOLVIÓ LA PINTURA.”

“El azul es el cielo de Mont-roig.”

MONT-ROIG ME HA DADO LA FUERZA DE UN ÁRBOL.”


“El verde es el verde de los algarrobos.”


MONT-ROIG ES PARA MI COMO UNA RELIGIÓN.”


“El amarillo es la joya de Mont-roig, sus florecillas y las pequeñas plantas.”

“TODA MI OBRA ESTÁ CONCEBIDA EN .”



ITINERARIO


Es un recorrido por los lugares mironianos de Mont-roig. Nueve localizaciones identificadas por una señal (una montaña roja). Encontramos el primero en aquella playa donde Miró dibujaba sus estrellas en la arena, con cualquier trozo de palo; es la “Playa de Mont-roig” (1916). Un poco más arriba, subiendo por el lado del barranco de la Pixarota, encontramos “Mont-roig, el pont” (1917).

Los siguientes parajes corresponden al Mas d’en Romeu, muy cerca del Mas Miró. “Hort amb ase”, “La casa de la palmera” y “Les roderes”, todos del 1918; son las vistas lateral, frontal y trasera de esta masía. La famosa palmera hace años que murió, sólo queda un trozo de tronco, pero muy cerca hay otra plantada por sus propietarios desde el 1919 (la familia Cortés). El barranco de “Les roderes” es aquella misma Pixarota, por donde bajaba Miró hacia el mar, está lleno de pitas. Esta planta salvaje, cuando está a punto de morir, saca de su mismo centro lo que se llama “palo de bailarín” que se alza majestuosamente hacia al cielo estallando en constelaciones de estrellas (“Terra llaurada”, 1923 – 1924).

Llegamos al Mas Miró. Desde el camino de entrada vemos en primer término el taller del pintor. Detrás mismo hay transversalmente el “Mas”, y a continuación, frontalmente, la casa de los payeses. Este último será el tema de “La Masia” (1921-1922), el famoso cuadro que compró Hemingway. Sabemos que Miró empezó el cuadro en Mont-roig y que lo terminó en París descalzo , pisando tierra y hierbas del Mas. Es un inventario de la vida de los payeses de Mont-roig, con sus utensilios y animales. Por estos campos corría una niña de pelo rubio y mirada inmortalizada en “La Vaileta” (1918). Es la mont-rogenca Consol Boquera cuando tenía cuatro años; sus padres eran los payeses de aquellas tierras. Los campos de detrás del Mas, son los que quedaron reflejados en el cuadro “Vinyes i oliveres” (1919).

Ya en el pueblo encontramos “Poble i església de Mont-roig” (1919) y “Mont-roig, el poble” (1916). El primero es la vista desde el Primer Pont, al lado de la Cooperativa Agrícola. Hay algunos elementos significativos: el payés cavando, la bandera catalana (añadida por Miró) en la terraza de una casa de la calle Major (en primer plano), la simplificación de unas cañas que cruzándose forman casi estrellas mironianas, y un “173” fuera de medida. Miró en aquel libro/entrevista de Georges Raillard dirá: “si hago una serie de cosas, siempre son en cantidad impar…”, y cuando el autor le pregunta por la desmesura del “173”, responderá: “no se trataba de un interés plástico, era por las propias cifras”.

La otra perspectiva del pueblo es lateral, desde la colina de “Les Creus”. Se pueden presentir aquellas calles que la cruzan longitudinalmente en dirección al mar, y las cuestas que los unen escalonadamente y un poco abruptamente.

Después de la ermita del Peiró llegaremos a la montaña roja, donde se levanta la ermita de la Mare de Déu de la Roca; por encima del conjunto blanco sobresale, casi colgando en el vacío la capilla de Sant Ramon. El cuadro “Mont-roig, Sant Ramon” (1916) es la vista desde el último tramo del camino viejo que viene del pueblo. Esta montaña, que alberga la imagen de aquella Virgen negra encontrada en una de aquella cuevas, inspira una gran devoción, es donde confluyen historias antiguas de un “rey moro”, y la muy verosímil teoría de que las formas de estas cuevas (de arenisca) sirvieron de inspiración a Gaudí.

Los campos de Mont-roig también son escenario de aquella “Terra llaurada” (1923 – 1924), punto de ruptura en la pintura mironiana, donde el detallismo poético anterior, más cerca de la realidad, dejó paso a una irrupción del imaginario, estallando en un singular mundo de signos. Signos siempre enraizados con los parajes de Mont-roig. Es el “Pal de ballarí”.

Martí Rom

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