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rojo
azul
verde
amarillo
negro

“CUANDO VIAJO SIEMPRE LLEVO EN EL MALETÍN UNA ALGARROBA DE MONT-ROIG.”

“El color rojo es el color de la ermita de la Roca, y el que da nombre al pueblo.”

“EN PARÍS VIVIA EN UNA DESORIENTACIÓN ABSOLUTA. EN MONT-ROIG ME VOLVIÓ LA PINTURA.”

“El azul es el cielo de Mont-roig.”

MONT-ROIG ME HA DADO LA FUERZA DE UN ÁRBOL.”


“El verde es el verde de los algarrobos.”


MONT-ROIG ES PARA MI COMO UNA RELIGIÓN.”


“El amarillo es la joya de Mont-roig, sus florecillas y las pequeñas plantas.”

“TODA MI OBRA ESTÁ CONCEBIDA EN .”



JOAN MIRÓ

Las crónicas mencionan que Joan Miró nació en Mont-roig, pero no vino hasta los dieciocho años para recuperarse de una larga enfermedad (1911). Su padre había comprado el año anterior el Mas d’en Ferratges al marqués de Mont-roig. En aquella época, Mont-roig era ya un pueblo grande, tenía unos 2.500 habitantes. Aquella era una extensa finca, situada entre el mar y el pueblo, con una gran casa blanca con una torre de la época del padre del marqués (un mont-rogenc que hizo fortuna en Cuba). Cuando años más tarde Hemingway visitó a Miró, dijo que le recordaba las construcciones de aquella isla.

Aquel chico enfermo se recuperó rápidamente y se olvidó de aquella vida angustiosa para él, la de aprendiz de escribiente en Barcelona. Comenzó a recorrer aquella llanura de Mont-roig, desde el mar hasta la montaña roja de la ermita de la Mare de Déu de la Roca. Miró disfrutaba en Mont-roig.

Después, año tras año, pasará largas temporadas en su Mas (ya “Mas Miró”). A partir de 1921 vivirá los inviernos en París y los veranos en el Mas. En Mont-roig camina mucho y observa más. Mira los campos rústicos llenos de algarrobos y de olivos con sus hojas perennes, las plantaciones de viñas con los sarmientos retorciéndose, los surcos perfectamente paralelos y recién sembrados, aquellos huertos llenos de cañas por donde se alzan judías y tomateras.

En verano debería agradecer aquel viento que, viniendo suave y fresco del mar, aligera el calor. En septiembre quedaba cautivado por aquellos atardeceres de cielo rojizo. Le sorprendía aquel furioso y impetuoso viento, el mistral, que golpeaba las montañas de Pratdip y Colldejou y se diseminaba por la llanura hasta perderse en la planície de un mar que adquiere un azul intenso como nunca. A principios de septiembre los payeses vendimiaban y, a finales, recogían las algarrobas. Miró se llevaba de Mont-roig aquellos aromas fuertes y penetrantes: la tierna del moscatel recién cogido y la áspera de la algarroba. Probablemente en enero recibiría algún bote de arbequinas que le enviaban los payeses cuando terminaban la recogida de aceitunas.

En 1956 Miró se instala en Mallorca. Pero cada verano, desde San Juan (24 de junio) hasta pasado San Miguel (29 de septiembre, la Fiesta Mayor), regresa al pueblo. Siempre llevará Mont-roig muy adentro.

En noviembre de 1975 se hizo entrega a la Fundació Miró de Barcelona de un algarrobo de Mont-roig que quedó instalado en el patio de Levante. El 29 de abril de 1979, Mont-roig le hizo un homenaje popular promovido por la Associació de Veïns “Muntanya Roja”. Se le nombró hijo adoptivo, se le entregó la medalla de oro y se le dedicó la plaza situada junto a la Església Vella. En esta iglesia, con motivo del centenario del pintor, se inauguró el Centro Cultural del pueblo (julio de 1993). La familia Miró hizo donación de un tapiz al pueblo de Mont-roig.

Joan Miró nació en Barcelona el 20 de abril de 1893, y murió el 25 de diciembre de 1983 en Palma. Barcelona, Mallorca y Mont-roig definen el mágico triángulo mironiano.

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