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rojo
azul
verde
amarillo
negro

“CUANDO VIAJO SIEMPRE LLEVO EN EL MALETÍN UNA ALGARROBA DE MONT-ROIG.”

“El color rojo es el color de la ermita de la Roca, y el que da nombre al pueblo.”

“EN PARÍS VIVIA EN UNA DESORIENTACIÓN ABSOLUTA. EN MONT-ROIG ME VOLVIÓ LA PINTURA.”

“El azul es el cielo de Mont-roig.”

MONT-ROIG ME HA DADO LA FUERZA DE UN ÁRBOL.”


“El verde es el verde de los algarrobos.”


MONT-ROIG ES PARA MI COMO UNA RELIGIÓN.”


“El amarillo es la joya de Mont-roig, sus florecillas y las pequeñas plantas.”

“TODA MI OBRA ESTÁ CONCEBIDA EN .”



Textos Mironianos
Josep Royo y Joan Miró: Los tapices

“Yo entré a trabajar en la Casa Aymat de Sant Cugat cuando tenía catorce años, el 1959. No era que estuviese interesado por los tapices, necesitaba trabajar y ganar dinero”. Josep Royo había nacido el 1945 en Barcelona. Su padre, un artesano que pintaba porcelanas y copas de vidrio, había muerto cuando su madre estaba embarazada de mellizos. El hermano de la madre los acogió en su casa de Sant Cugat del Vallès. Con doce años, el 1957, va a la Escuela de Arte del Casal Parroquial. Allí conoce otros inquietos jóvenes que lo harán acercarse a la literatura, a la pintura, al jazz… Y, con catorce años, decide dejar la escuela para ponerse a trabajar.

La fábrica “Alfombras y tapices Aymat, S.A.” la había creado el 1920 Tomàs Aymat (Tarragona, 1891 – Barcelona, 1944). Este había estudiado Arte en la Llotja (Barcelona) y fue con una beca a París a estudiar la técnica del tapiz tradicional. Desde 1926 estaba en un nuevo edificio de la calle Villà núm. 68, cerca de la estación de los Ferrocarriles Catalanes. La llamada Casa Aymat producía básicamente alfombras para la burguesía catalana e instituciones (Parlament de Catalunya, Ajuntament de Barcelona...). También tenía una pequeña sección de tapices con telares de alto lizo hechos con la técnica tradicional (francesa) de Gobelins. El año 1955, el industrial del textil Miquel Samaranch se hizo cargo de la Casa Aymat, iniciando una nueva etapa donde, aunque las alfombras procuraban el mantenimiento de la fábrica, se potenciaría la sección de tapices abriéndose a la nueva técnica que en Francia había desarrollado Jean Lurçat. El 1957 Miquel Samaranch envió al joven artista de Sant Cugat Josep Grau-Garriga a París, para aprender con Jean Lurçat.

Estoy sentado delante de Josep Royo, en el Museu d’Art Modern de Tarragona, en la calle Santa Anna, aprovechando la exposición “Miró-Royo. La Farinera, el teler del món” (del 16-9-08 al 16-11-08). Estamos gravando una entrevista para el documental “Sant Cugat i l’Escola Catalana de Tapís”. Me continúa explicando: “Mi profesor fue Vicente Pascual, que provenía de la “Real Fábrica de Tapices” de Madrid y que Miquel Samaranch había hecho venir a Sant Cugat para crear la sección de tapices. Aquel año 1959 entramos a trabajar tres aprendices, por este orden: Joan Aymerich, yo i Antoni Busquets. El primero sería alcalde de Sant Cugat (del 1987 al 1999). Con Vicente Pascual aprendí el oficio, a hacer tapices tradicionales, góticos”.

Pronto Royo irá, por las tardes, a estudiar a l’Escola Massana de Barcelona. En paralelo, tenemos a Grau-Garriga aprendiendo la técnica de Lurçat: “cartones” (dibujos previos) con secciones numeradas según los colores, la reducción del número de colores a 33, temáticas actuales… Nace una nueva manera de hacer y entender el tapiz en España radicalmente diferente de la que se hacía en Madrid. De aquí saldrá el nombre de ”Escola Catalana de Tapís”. La señora Mercè Viñas, viuda de Miquel Samaranch, me detalla en una entrevista para el mismo documental: “La idea primordial era llevar el nombre de Catalunya a fuera. Íbamos a las Bienales de Lausana con el nombre de Catalunya. En aquella época no se podía usar el nombre de Catalunya. Nos la jugamos mucho”. Su hija, Rosa Samaranch, nos continua explicando: “Mi madre, Mercè Viñas Trueta, es sobrina del famoso médico traumatólogo Josep Trueta Raspall (1897-1977), que tubo que exiliarse en Inglaterra al terminar la Guerra Civil. La familia lo íbamos a visitar a Perpignan y cuando unos años más tarde ya pudo hacer algún viaje a Barcelona, mi padre le explicó el proyecto de la ”Escola Catalana de Tapís”. Se entusiasmó y, como que era muy amigo de Joan Miró, promovió que este lo conociera y le diese apoyo. Hojeando los álbumes de fotografías de la familia Samaranch Viñas sobre la Casa Aymat, encontré una serie de fotografías (del 5 de octubre de 1960) en las cuales vemos a Miró visitando aquella fábrica.

Cuando Grau-Garriga vuelve de Francia, el 1959, empieza a hacer “cartones” a la manera de Lurçat, pero pronto se abrirá a nuevas perspectivas. Será en aquellos años de principios de los sesenta cuando empezará (él, y por extensión, algunos otros componentes de la sección de tapices de la Casa Aymat) a incorporar materiales ordinarios, no nobles, a los tapices; como lanas de diversos gruesos, yute, esparto, alambre…, i, fundamentalmente, a buscar la no-figuración estricta, la abstracción. Dice Grau-Garriga: “También por allí habían los sacos que servían para envolver las alfombras… Hice preparar un cartón con estas nuevas ideas. Pero Vicente Pascual, que venía de la tradición del tapiz clásico y que ya lo habíamos pervertido un poco, habiendo aceptado las nuevas técnicas de Lurçat, dijo que aquello no se haría en la sección del tapiz. Fui a buscar a una chica de la sección de alfombras y un encargado que había trabajado con Tomàs Aymat antes de la guerra. Miquel Samaranch estaba por allá curioseando. En un momento dado, necesitaba algún material rojo y le comenté que era como el color de su corbata. Este, no se lo pensó dos veces y me la dio para incorporar-la a aquel tapiz”.

Como consecuencia de esta nueva línea de trabajo, Grau-Garriga (director artístico de la Casa Aymat), empezó a encargar “cartones” a jóvenes artistas como Antoni Tàpies, Josep Maria Subirachs, Joan Josep Tharrats, Josep Guinovart... Los tapices, el arte textil, adquirirán una considerable importancia dentro del panorama del arte catalán de aquellos años.

También en el archivo particular de la familia Samaranch Viñas he podido consultar una carta de Miró a Samaranch, del 19-5-1968. Dice: “Querido amigo. Para tranquilizarle debo decir que tendré el honor de colaborar en la Escuela Catalana de la Tapicería. Mi programa de trabajo sigue un orden muy riguroso y disciplinado, de otra manera me seria imposible organizar nada. Este otoño, después de la tanda de grandes exposiciones, de una gran importancia para mi, empezaremos el trabajo, en el que iré pensando de una manera concreta, en las vacaciones de este verano…”. Es decir, en aquellos meses que estaba en el Mas de Mont-roig. Miró siempre se había sentido atraído por el arte popular, por la artesanía. En los años cuarenta, había hecho algunas piezas de cerámica con Josep Llorens Artigas. Cuando este presentó la exposición “Cerámicas de gres. Gran fuego” a las Galeries Laietanes (febrero del 1951), Miró decidió que era el momento de iniciar una colaboración más importante. Y curiosamente se inicia en Mont-roig. Escribe Francesc Miralles, en el libro “Llorens Artigas. Catàleg d’obra” (Edicions Polígrafa, 1992), a la pàg. 72: “Empezaron a trabajar el 1953. En Mont-roig. Allí decidieron lo que harían…”. De este trabajo salieron los famosos murales de cerámica que están por todo el mundo. Ahora Miró iniciaría otra vertiente dentro de su producción artística, el arte textil. Del 1970 al 1980 haría 7 grandes tapices murales y 32 tapices de pequeño formato (“Sobreteixims”).

Aquel 1968 fue un año importante para Miró. Como consecuencia de sus 75 años, se organizaron exposiciones. Entre otras, es necesario citar las retrospectivas de la Fondation Maeght de Saint Paul de Vence y la primera a Barcelona desde la Guerra Civil, la de l’Antic Hospital de Santa Creu. També acaba, en Gallifa (con los Artigas: Josep Llorens Artigas y su hijo Joan Gardy Artigas), el mural para la misma Fondation Maeght. Em junio hará su último viaje a los Estados Unidos. Y empieza el 1969 con la exposición “Miró otro” del Colegio de Arquitectos de Barcelona y otra retrospectiva en Múnich. Con los Artigas, hará el mural para la Exposición Universal de Osaka del año siguiente. En noviembre viaja por segunda vez a Japón.

Todo esto es lo que Miró tenía entre manos cuando le escribía a Miquel Samaranch aceptando trabajar con la Casa Aymat de Sant Cugat del Vallès. En una entrevista gravada a Josep Grau-Garriga, para otro documental que estoy preparando, este explica: “A Miró, anteriormente a la colaboración con la Casa Aymat, le habían hecho un tapiz con la técnica tradicional (en los “Gobelins” de París). Me enseñó la fotografía y, para demostrarme que lo que hacíamos en sant Cugat era lo que realmente le interesaba, de una manera un poco teatral, la rompió delante mío”.

De este contacto con la Casa Aymat, a finales de los sesenta (debía ser a inicios del 1969), nos comenta Rosa Samaranch Viñas: “La fábrica Aymat aunque había mucha lana siempre estaba muy limpia, siempre había personas barriendo y limpiando pues, a menudo, había visitas. De repente Miró empezó a recoger los materiales que tenía a mano, yute y lanas de las alfombras, y los esparció por el suelo. Quedó fascinado por lo que había hecho. Mientras estábamos hablando un poco más allá, vino un empleado y empezó a recogerlo todo rápidamente con de la desesperación de Miró. En los fondos de la “Fundació Miró” de Barcelona hay dos dibujos preparatorios del que sería el primer tapiz, el llamado “Tapís de Tarragona” (1970). Tienen fecha de 27-9-1968 y l’11-7-1969. Curiosamente, el primero debía hacerlo los últimos días de las vacaciones en Mont-roig del 1968 y el otro en los primeros del año siguiente.

Mientras, Josep Royo exponía un par o tres tapices suyos en una exposición colectiva en la Sala Gaspar de Barcelona (1969). Explica Royo: “Miró, que iba regularmente a aquella galería, pidió a unos de los Gaspar que me avisasen para vernos y hablar de la posibilidad de trabajar conjuntamente. Cuando al día siguiente nos encontramos en la galería, Miró, sorprendido al estar delante de un muchacho de 24 años, me dijo que con quién quería hablar era con mi padre. Gaspar hubo de explicarle que a quién buscaba era a mí”. De esta manera se empezó el primer trabajo de Joan Miró con Josep Royo, y en la Casa Aymat de Sant Cugat. A inicios de 1970, el matrimonio Samaranch (Miquel Samaranch i Mercè Viñas) viajaron a Palma de Mallorca para visitar el taller de Son Abrines, donde Miró había hecho un dibujo de tamaño real como modelo del que seria el “Tapís de Tarragona”. Mientras, Miró haría con los Artigas el gran mural de cerámica del aeropuerto de Barcelona.

El 31 de diciembre de 1965 la hija de Joan Miró, Maria Dolors, tuvo un muy grave accidente en un paso a nivel de Mont-roig, cuando iba a dejar a su suegra (la María “Cutí”) en la casa que tenían en la partida de los Prats, al lado del mar. El fuerte pendiente del camino, viniendo de la carretera (la Nacional 340) para acceder a la vía del tren, ocasionó que no viese aquel tren que venía de Cambrils y que el coche fuese a parar contra un olivo un centenar de metros más allá, hacía la estación de Mont-roig. Casualmente Miró había pintado este mismo sitio el 1915 (“La cabana del guarda-vies”). Me lo cuenta (como tantas y tantas cosas relacionadas con Miró i Mont-roig) Angelina Rovira, ahora vicepresidenta del Centro Miró y antes hija de los masoveros del Mas Miró (del 1955 al 1975). Me comenta que hacía pocos días que Maria Dolors se había casado en segundas nupcias con Teodoro Punyet, de Mont-roig; exactamente el 22 de diciembre, nueve días antes.

Mientras la Maria “Cutí”, milagrosamente tan solo recibió muchos golpes, la Maria Dolors Miró, su nuera, llegó a la clínica Monegal de Tarragona muy mal. El Dr. Capell creía que no quedaba más remedio que amputarle la pierna. Me comenta Rosa Maria Martí, esposa del Doctor Rafael Orozco Delclós (1938-2005), del equipo del Dr. Capell, que al ver que era una persona joven (tenía 35 años) intentó hacer todo lo posible para salvarle la pierna. Cuando ingresó, en aquella noche de Fin de Año, no sabían quién era. Teo Punyet la había llevado a la clínica Monegal recordando que anteriormente el Dr. Orozco ya había tratado, tiempo atrás y satisfactoriamente, a su madre. Cuando Maria Dolors Miró despertó, explicó que era la hija de Joan Miró y pidió que avisasen a sus padres.

Miró consiguió que el Dr. Trueta, amigo suyo, viniera de Oxford para ver la situación. Más adelante, una persona de su equipo, el Dr. Esteban de Miguel, también le hizo el seguimiento de la curación. Añade Rosa Maria Martí que su marido le decía que Maria Dolors Miró tenía una voluntad de hierro. Al salir de la clínica fue, durante unos tres meses, a casa del Dr. Orozco a hacer la recuperación. Aquel desgraciado hecho llevó a una buena amistad entre las dos familias. Recuerda que incluso Miró los invitó algún día del verano siguiente a ir al Mas y a bañarse en la playa de la Pixerota. Continua contándome Angelina Rovira que la Maria Dolors Miró estuvo en el hospital unos tres meses, y unos seis meses enyesada. Durante meses estuvo en el Mas Miró, pues tenái que ir regularmente de visita a Tarragona. En el proceso de recuperación de la movilidad de la pierna, la ayudaba la propia Angelina. No fue hasta el otoño de 1966 que, finalmente, pudo ir a Palma de Mallorca.

Entonces el Dr. Orozco estaba trabajando en el proyecto del Hospital de la Cruz Roja de Tarragona (Avenida de Maria Cristina, 17), que encabezaba Joaquín de Muller y de Abadal. Y Miró, en agradecimiento por todo lo que había hecho por su hija, decidió hacer la donación del que sería el primer tapiz, el “Tapís de Tarragona” (1970). Se hizo, con la colaboración de Josep Royo, en la Casa Aymat de Sant Cugat del Vallès. Ya hemos visto que el Dr. Trueta era amigo de Joan Miró y, además, para acabar de cerra el círculo, la esposa del propietario (Miquel Samaranch) de la Casa Aymat, Mercè Viñas, era sobrina del doctor Trueta.

Se conservan dos dibujos preparatorios del que sería el “Tapís de Tarragona”. En el primero, ya están el personaje central (¿un niño?) tocando la luna y la característica estrella mironiana en medio del cielo. Finalmente Miró hará una pintura, un óleo encima de tela, el llamado “cartón” en argot tapicero, que hacía 140 x 211 cm. El tapiz seria de 280 x 400; así pues, este era un poco comprimido horizontalmente en relación al dibujo. El dibujo final ya lo encontramos en una fotografía correspondiente a la visita que los Samaranch hicieron al Taller de Son Abrines. Debía ser el 15 de enero de 1970. He podido ver un dibujo de Miró hecho en un cuaderno (que guardan los hijos Samaranch), de esta fecha, y que lleva la dedicatoria: “A Mercè i Miquel Samaranch, con todo afecto”.

En el libro “Royo (a Miró, a Sant Cugat)” de Josep Canals (Ajuntament de Sant Cugat, 1993), en la pág. 31 se comenta: “el mes de marzo de 1970 se empieza a trabajar en el proyecto…”. También hay una serie de fotografías (de Carles Cabanes) donde vemos a Miró y Royo, primero delante de la pintura y después con el tapiz haciéndose en el telar. Esta pintura también la cedió Joan Miró para obtener fondos para la Escuela de Enfermería de Tarragona. La adquirió Banca Catalana. Durante muchos años estuvo expuesta en el vestíbulo de la sede central en la Diagonal de Barcelona, delante de “El Corte Inglés”. En aquel libro “Tapís de Tarragona” editado por la Sala Gaspar (1972), Josep Royo explicaba: “Trabajar con Joan Miró me ha exigido un esfuerzo de superación constante y enriquecedor en muchos aspectos…”, y destaca “su gusto por el trabajo artesano como medio de expresión que golpea contundentemente el hombre de hoy precisamente porque tiene raíces muy lejanas…”.

La presentación pública del “Tapís de Tarragona” se hizo el septiembre de 1970 en la Sala Gaspar de Barcelona. Además, para ayudar económicamente, se editó un libro (en un estuche) con una tirada de 100 ejemplares que contenía ocho litografías de Miró y unos textos de Rafael Orozco, Maria Lluïsa Borràs y Josep Royo. También se hicieron 1.000 reproducciones del mismo libro. El 21 de noviembre el tapiz se trasladó a Tarragona. En la inauguración del “Tapís de Tarragona” asistieron la esposa del pintor, Pilar Juncosa, su hija Maria Dolors, el pintor Antoni Tàpies, los galeristas (los primos) Joan i Miquel Gaspar, los estudiosos mironianos Jacques Dupin y Daniel Lelong, y (entre otros), naturalmente, Josep Royo. El tapiz quedó instalado en el vestíbulo del Hospital de la Cruz Roja; estuvo casi durante 25 años. Cuando cerró el hospital, el tapiz se quedó en Tarragona; Miró había dispuesto, en la donación, que había de quedarse en la ciudad, que en ningún caso lo podían trasladar a la sede central de la Crez Roja en Madrid.

Este acto oficial de la inauguración del tapiz debía ser por la mañana del sábado 12 de diciembre. Decía Francesc Vicens, que fue el primer director de la Fundació Miró, en el libro (que hice el 2003 conjuntamente con mi compañero J.M. García Ferrer, en la pág. 139): “El papel que había jugado Joan Prats respecte a Miró, lo pasó a ocupar la Maria Lluïsa Borràs a su muerte...”. Aquel 12 de desembre, en Montserrat, se habían encerrado unos 300 intelectuales para protestar contra el juicio de Burgos (3 de desembre) a 16 persones del entorno de ETA, a nueve de los cuales se les pedía la pena de muerte. Continua F. Vicens: “Ella (M. L. Borràs) estaba enterada del encierro de Montserrat, pues le habían pedido que Miró fuera... En la comida que se hizo en Tarragona no se habló claramente que se fuese a producir el encierro, pero sí que supe que todos los asistentes se desplazarían, con los coches, hasta el monasterio de Montserrat, para encerrarse como protesta... Miró se dejó llevar por todo el grupo de amigos... El encierro tuvo lugar del 12 al 14 de diciembre... Miró, que era una persona ya mayor, solo estuvo unas horas del primer día. Pudo salir justo antes que llegase la policía y hiciese el cerco del recinto con todas las personas a dentro...”.

Sabemos por Pere Portabella: “Seria media tarde… que me avisan que Joan Miró está en la puerta solicitando entrar, venían de Tarragona con Antoni Tàpies, su mujer Teresa y otros amigos. Antes de llegar la noche, expuse a los asistentes... de pedir a Miró que se retirara agradeciéndole su presencia... Le pedí que si no tenía inconveniente comunicaríamos a la prensa internacional que había estado a Montserrat...”.

Casualmente el “Tapís de Tarragona”, que nace del terrible accidente de la hija de Miró, que es la expresión de su gratitud y del apoyo al nuevo hospital, irá unido a la solidaridad política de Miró en uno de los momentos más importantes de la lucha de los intelectuales catalanes contra el franquismo. Durante los actos del “Centenari Miró” (1993), el “Tapís de Tarragona” se expuso en el Museu d’Art Modern de Tarragona y en el 1994 en el patio del Palau de la Diputació en la presentación del libro “El crit de la terra. Joan Miró i el Camp de Tarragona” de Daniel Giralt-Miracle. Después se trasladó al Museu de Historia de Tarragona, a la Casa Castellarnau. El 28 de febrero de 2008, la Crez Roja de Tarragona, el Ayuntamiento y la Diputació firmaron un convenio por el cual el “Tapís de Tarragona” estaría depositado en el Museu d’Art Modern de Tarragona (MAMT), de la Diputació, per un período de diez años, aunque la propiedad continua siendo de la Cruz Roja. De hecho, el tapiz ya había llegado al MAMT el 17 de mayo de 2007. Se instaló provisionalmente, debido a les obras que se iniciaban el siguiente verano. La presentación de la nueva instalación del tapiz se hizo aprovechando la importante exposición “Miró-Royo, La Farinera, el teler del món” (del 16-9-08 al 16-11-08) en el MAMT, de la calle Santa Anna. con el mismo título se publicó un libro de Josep Maria Rosselló, con prólogo de Rosa Maria Malet (directora de la Fundació Miró de Barcelona).

Volviendo a los hechos relacionados con la elaboración del tapiz, en el archivo particular de la familia Samaranch Viñas he encontrado una carta de Miró a Miquel Samaranch, del 15-12-70. Dice: “Amigo Samaranch, le remito una etiqueta para ser cosida al tapiz. He preferido hacerla enteramente a mano, es por eso que ha estado parada un cierto tiempo en el taller, con todos los incidentes de estos últimos tiempos. Ahora tendremos que ir pensando en la próxima... versión...”. Esta etiqueta lleva la fecha de 7 de julio de 1970. També en un cuadro de Miró, fechado el diciembre de 1972, y dedicado a Miquel Samaranch, podemos leer: “A Miquel Samaranch Amat que abrió nuevos horizontes a l’Escola Catalana de Tapisseria. Con todo afecto”. Era el reconocimiento de Miró a quién ajudó a encauzar la nueva etapa del tapiz en Catalunya.

Como me explicaba Josep Grau-Garriga, haciendo el documental “Sant Cugat i l’Escola Catalana de Tapís” (2009), Miró había tenido una experiencia previa en los tapices cuando la importante “Manufacture nationale des Gobelins” de París, (creada el 1662), había reproducido algún de sus cuadros. Decía que Miró había rechazado aquellos tapices, pues le parecía que eran una simple reproducción. No sé cuáles serían aquellas reproducciones, pero en una página web de los “Gobelins” (1) se dice que Miró colaboró los años: “1966-1967, 1972-1973, 1976-1977, 1979”. Sí tengo constancia de la reproducción de su cuadro “Hirondelle, amour” (del 1934), hecha por “Gobelins” el 1980. Actualmente, está en una sala de reuniones (del primer pis) de la Fundació Miró. Allá gravé una parte de la entrevista del documental (2003) que hice a Francesc Vicens. En “Gobelins”, se sentían muy contentos del trabajo, pues por un lado sale reproducido, (prácticamente en el inicio), en una de les páginas web (2) y por otro lado, es el fondo escogido per Gerard de Hais (“Chef des Ateliers des Gobelins”) en el documental “Il telaio verticale” de la serie “Le tecniche e il gusto” d’Alberto Pellegrinetti, de la RAI. Como curiosidad, en el catálogo de la exposición “Escola Catalana de Tapís (El tapís contemporani català)”, hecha en la “Casa Aymat” de Sant Cugat (del 17 de marzo al 17 de mayo de 2009), Francesc Miralles reproduce una fotografía de un “Tapiz de Joan Miró, realizado por la esposa de J.V. Foix”. Ambos, (tanto el de “Gobelins” como este último) son tapices planos, sin volumen; donde tan solo se intenta reproducir lo más fielmente posible el cuadro original. También sabemos que Miró había hecho cuatro “cartones” (1934) para la coleccionista Marie Cuttoli (relacionada con todos los artistas de vanguardia de la época), para que los reprodujeran como tapices.

Explica Grau-Garriga en el documental “Josep Grau-Garriga” (2009), que el cambio en la concepción del tapiz, que llevará a la creación del “tapiz moderno”, se produce cuando Jean Lurçat, con quién el va aprendió esta técnica, hacía los años treinta del siglo pasado decide reducir la gran complejidad de los hilos de la urdimbre y las gamas de color de aquellos tapices que lo único que pretendían era hacer una reproducción lo más fiel posible a los “cartones”, o de pinturas. Dice Grau-Garriga: “la aberración es que hacían un tapiz que parecía a una pintura”. En adelante, la gama de colores se reduciría a 33 i los de la urdimbre pasarían de 20 a 12. Era un cambio radical, pero aún eran tapices planos. Era necesario buscar los volúmenes. A finales de los sesenta, tanto Josep Grau-Garriga como Josep Royo (ambos de la “Casa Aymat” de Sant Cugat) trabajaran ya en este camino. Cuando Miró se acerque a Royo para trabajar conjuntamente, este ya tenia no tan solo una muy sólida formación en el “Arte textil” sino que, además, había iniciado la búsqueda de noves formas y volúmenes.

En aquel libro “Royo (a Miró, a Sant Cugat)”, en la pág. 33, Josep Royo explica que “en el año 1971... me visitó Ramon Carreter, profesor de cerámica de la Escuela de Artes y Oficios de Tarragona y me va propuso... crear una aula de tapiz en aquella escuela...”. Los primeros meses Royo se trasladaba, en tren, dos días a la semana a Tarragona, desde Sant Cugat. Y en el otoño de aquel mismo año (1971) Royo fue a vivir, con su madre, a Tarragona (a la calle Ramón y Cajal). Para acabar de cubrir los gastos originados en la elaboración del “Tapís de Tarragona”, los galeristas Gaspar sugirieron hacer otro, partiendo de otro original, que sería adquirido por un coleccionista privado. Será el llamado “Tapís de Tarragona II” (1972), de 210 x 350 cm. Según el libro “Miró-Royo. La Farinera, el teler del món” de Josep Maria Rosselló, este tapiz está actualmente en una “colección particular (no localizado)”. Intentaré aclarar un poco sobre la historia de este tapiz. Vamos por partes. Está claro que lo realizó Josep Royo a l’Escola d’Art de Tarragona. Parece que se lo quedó la Sala Gaspar, que tiempo después lo vendió a un coleccionista particular de Girona. No se sabe el motivo (quizás un problema de mantenimiento, más que la posibilidad que les lanas se descoloriesen por el paso del tiempo), pero el tapiz se estropeó. Entonces, su propietario se puso en contacto con Carles Delclaux, último director de la “Casa Aymat” (1970 a 1974) y que dirigía “l’Escola de Tapís del Centre Cultural la Mercè” de Girona, para que este hiciese la restauración. La cuestión es que finalmente se hizo una nueva versión del “Tapís de Tarragona II” sin el correspondiente permiso de sus creadores (Miró i Royo). Esta “nueva versión” es la que estaba en la exposición “Escola Catalana de Tapís (El tapís contemporani català)”, hecha en la “Casa Aymat”, el comisario de la cual era el crítico Francesc Miralles. Además, llevaba el equívoco nombre de “Tarragona (versión tercera)”, mal fechado el 1972 y de medidas casi iguales a las del original (220 x 350 cm.) Curiosamente, en el texto del catálogo no se hacía ninguna mención de la su elaboración.

Con los dos tapices de Tarragona se había iniciado la que sería fructífera colaboración entre Miró y Royo. Durante el 1972, ambos trabajarían en el sótano de la Sala Gaspar (actualmente es la sede de la Galeria del Círculo de Lectores, en la calle Consell de Cent de Barcelona) creando los que serian los “Sobreteixims”. Paralelamente Royo hizo una exposición (“Tapissos”) de sus propios trabajos en la misma Sala Gaspar. Son unos años en que Miró, hará ochenta años (el 1973) y desarrolla una gran actividad. Acababa de hacer, con los Artigas, el gran mural de cerámica del aeropuerto de Barcelona (1970) y otro para el Museu Kunsthaus de Zúrich (1971).

“Sobreteixims” es el nombre que les dio el crítico y ensayista Alexandre Cirici Pellicer. Era un intento de investigación, de innovación en el arte textil. Los dos tapices que habían hecho hasta entonces, y los que vendrían en adelante, eren encargos, estaban determinados por unas dimensiones. Me explica Josep Royo, en la grabación de aquel documental “Sant Cugat i l’Escola Catalana de Tapís”: “los “sobreteixims” son el inicio de otra etapa de trabajo con Miró. Yo le enseñé todas les técnicas de hacer tapices. Los “sobreteixims” son el resultado del trabajo de ambos; hablábamos y discutíamos como hacerlos”. Miró quería huir de aquellas reproducciones planas puramente artesanales. Royo, naturalmente, respetaba las formas y los colores pero trabajaba con relieves y volúmenes, y cuando era necesario ponía trenzas o grandes nudos. Miró añadia sacos, paraguas, guantes... y Royo (siguiendo esta línea) otros elementes y objetos: latas, botes... O quizás era al revés, tanto da. Era un trabajo conjunto.

En mayo de 1972 se hace una exposición a la Sala Gaspar (“Sobreteixims i escultures”) donde se presenta el tapiz “Tarragona II”, que es considerado como el primer “sobreteixim”, y otros seis “sobreteixims” (del 2 al 7). En el catálogo de la exposición hay reproducidas unas anotaciones de Miró: “Sobreteixims, incorporación artesanía popular para a rencontrar un espíritu humano no deformado. Destrucción, revisión viejas normas, llegar a una intensidad... Sobreteixims para dar más fuerza...” (9 de mayo de 1972). En el libro “Miró-Royo. La Farinera, el teler del món” de Josep Maria Rosselló, a la pág. 31, se reproducen cinco fotografíes hechas en aquel sótano de la Sala Gaspar. Las tres primeras corresponden al proceso de creación del “Sobreteixim 5”; la cuarta es del “Sobreteixim 4”. De esta exposición a la Sala Gaspar nació el contrato del galerista Aimé Maeght, que ya lo era de Miró y Tàpies, con Josep Royo.

En la exposición “Escola Catalana de Tapís (El tapís contemporani català)”, hecha en Sant Cugat del Vallès, també se presentaba como un gran hallazgo cuatro piezas llamadas (també) “sobreteixims” que se supone estaban hechas el 1960 por Joan Miró en la Casa Aymat. Serían las primeras obres textiles del pintor, pues el “Tapís de Tarragona” es de 1970. Pero expertos mironianos, el propio Josep Royo, rechazan su autenticidad aduciendo que son, tan solo, piezas de muestrario de aquella manufactura. Como ya he comentado, hay unos datos objetivos: la visita de Miró el 5 de octubre de 1960 a la Casa Aymat de Sant Cugat y los comentarios de Rosa Samaranch Viñas (hija de Miquel Samaranch, el propietario de aquella manufactura) y de Josep Grau-Garriga diciendo que Miró había hecho unas pruebas con los materiales que había (yute, lanas...); este último añade que aquellas se destruyeron. Tampoco está claro si se hicieron en aquel 1960 o a partir del 1968 en que se planta la realización del “Tapís de Tarragona”).

Aquellos 1 + 6 “sobreteixims” del 1972 tendrán continuación el año siguiente con doce más: del 8 al 18, más el “Sobreteixim dels vuit paraigües”. Mientras que la mayoría de los “sobreteixims” tienen unas medidas que pueden ir de los 150 a 250 x 150 a 300 cm., en cambio este último es una gran pieza de 312 x 593 cm. Está expuesto en la Fundació Miró. Se conserva un dibujo (del 6-2-1973) donde hay unas anotaciones de Miró: “7 paraguas negros (mango no de caña) / Lanas colores / Guante americano colores / Guante viejo / Grafismos negros con escoba / peso 200 k...”. También hay dibujos con paraguas fechados el 16-5-1973 y el 8-6-1973. Del 1973 hay catorce “sobreteixims sacs”, donde el saco es un elemento importante, primordial. En este año se hizo una exposición (“Sobreteixims et sacs”) en la Galerie Maeght de París y otra en la Pierre Matisse Gallery de Nova York (“Sobreteixims Miró”). En total en aquellos dos años (1972 i 1973) Miró-Royo harían 32 obres. El 1973, y en paralelo a la realización de los “sobreteixims”, cuando el galerista Aimé Maeght recibe el encargo de hacer un gran tapiz (de 6 x 11 mts) para el “World Trade Center” de Nova York, pidió a Royo que encontrara un espacio apropiado en Tarragona, muy grande. Fue “La Farinera”, una antigua fábrica que estaba cercana de la fábrica Chartreuse.

En “La Farinera”, Miró probó de quemar algunos “sobreteixims”. Me comenta Royo que, alguna vez, lo hizo con cinca a la vez. Rosa Maria Malet, actual directora de la Fundació Miró, escribía en el libro “Joan Miró” (Ediciones Polígrafa, 1983), sobre el proceso de creación de los “sobreteixims”: “Sobre una urdimbre de yute (Josep Royo) prepara una trama variada: yute tejido, con el punto de grano de mijo, esparto verdoso anudado con la fibra blanca del algodón, grandes vueltas de cuerda de cáñamo, cordel forzado o trenzado... (Miró) vierte bencina por encima del tejido, lo enciende y, de golpe, ataca el fuego por allá donde cree conveniente con una escoba saturada de agua... A continuación, comienza la etapa de la distribución del color. Miró corta trozos de fieltro de colores vivos que posteriormente coserá, como si fuesen pedazos... Primero recorta el rojo, color que establece un contraste con el negro de les quemadas. A continuación, busca el lugar más apropiado para el azul, que pedirá el verde y, finalmente, el amarillo... (Después) viene la operación de añadir objetos al sobreteixim... La operación siguiente consiste en el trazado... de grandes grafismos en negro. Con un amplio gesto del brazo... Los colores son aplicados con salpicaduras, dejando que chorreen...”. Es también cuando Miró hace aquellas cinco “Toiles brulées” (4-12 a 31-12 de 1973). Sobre les “Teles cremades” explica R. M. Malet: “Se puede decir que hacía servir el fuego en la pintura, como el agua en la acuarela. Pero también se puede interpretar que era su manera de manifestarse en contra del mundo económico que dominaba el mundo del Arte, en contra de la transacción artística”. Es aquel Miró “asesino de la pintura”. Una película de Català- Roca, (19 minuts), lo documenta.

Volviendo a otra de las anotaciones relacionadas con el “Sobreteixim dels vuit paraigües”, la del 2-1973, entre una retahíla de anotaciones podemos leer: “...organizarse para hacer tapiz 6 x 11 / Tapís Vendrell 7 x 2,50 (400 K.)...”. Este tapiz de 6 x 11 es el encargo del “World Trade Center”. Del llamado “Tapís Vendrell” no tengo más información. Recuerdo que me explicaba el escritor Joan Perucho, que tenia casa a Albinyana (cerca de El Vendrell, des del 1960), que había hecho de enlace entre alguien de esta población (¿el Ayuntamiento?) y el pintor, hacía a finales de los años sesenta, para hacer un “Museu Miró”, un sitio donde exponer permanentemente obra suya. También sabemos que Miró normalmente hacía parada en El Vendrell cuando subía o bajaba de Barcelona, con el taxista mont-rogenc Francesc Solé (“Cisco Romàtic”).

Hacer el tapiz del “World Trade Center” era realmente un reto; tenía un tamaño extraordinario (600 x 1100 cm). Si cada hilo de la urdimbre aguantaba una fuerza de unos dos quilos, ahora se precisaban 600 hilos. Normalmente los tapices de alto lizo se hacían verticales; ahora sería necesario montar una estructura horizontal con tirantes de acero para aguantar el cilindro de hierro. Miró hizo dos reproducciones en color y otra en blanco y negro en gran formato (que fue llenando de anotaciones sobre el color, la lana, el yute y el esparto a utilizar). Josep Royo, con un equipo de cinco chicas, trabajó (unas cinco horas al día) durante diez meses. Cuando Miró iba a Tarragona se alojava en el Hotel Lauria, en la Rambla Nova. Iba con Royo a comer al restaurant Sol-ric o a cenar a algún sitio del Serrallo.

Pere Portabella, per encargo de la Galeria Maeght, hizo un documental (“Miró-tapís”, 1974) sobre la parte final de elaboración del tapiz. La primera secuencia de “Miró-tapís” está rodada en el Mas Miró de Mont-roig. Vemos el interior del Mas, los campos de alrededor... Después ya penetramos en “La Farinera”, la fábrica de Tarragona. Vemos y escuchamos a Josep Royo. Me explica este en aquel documental: “Miró me avisaba cuando estaba en el Mas de Mont-roig. Iba, primero con una moto, después ya tuve un Mini 1000. Paseábamos por los alrededores. Le decía a su mujer, la señora Pilar, que me diese una copa de mistela. No hablábamos nunca de arte, el arte lo hacíamos los dos en el estudio”.

Fue necesario tirar una pared de la fábrica para poder sacar, una vez enrollado, el tapiz. Con una enorme grúa se pudo sacar aquellos 4.000 quilos. Finalmente, pudo llegar a París para la exposición del Grand Palais (mayo 1974). Miró había hecho ochenta años (1973) y como homenaje se le dedicaron dos importantes exposiciones en París, en el Grand Palais y en el Museu d’Art Modern. Paralelamente se hizo una fiesta para celebrar aquel aniversario. Me contaba Joan Gardy Artigas, hijo de Josep Llorens Artigas, ambos colaboradores de Miró en los trabajos de cerámica (piezas y murales), en el libro (que hice el 2005 con mi compañero J.M. García Ferrer, en la pág. 50): “Queríamos darle una sorpresa, hacer una acción a la manera de aquellas que hacían los surrealistas. Pensamos que cuando Miró entrase en la sala, habría tres personas a la manera de camareros que irían barriendo entre las mesas totalmente desnudos. Tenían que ser Aimé Maeght, Pierre Matisse y algún otro que ahora no recuerdo. Como que se negaron a hacerlo, los sustituimos Daniel Lelong, Jean-Louis Prat (de la Fundació Maeght) y yo mismo. Íbamos con la cabeza tapada con un saco que solo dejaba ver los ojos. Cuando entró Miró y su mujer, Pilar, esta en un primer momento se quedó horrorizada. A pesar de todo, nos reconoció. Recuerdo que también actuó la Cobla La Principal de La Bisbal, el cantante Raimon y unos castellers que hicieron una actuación en el jardín...”.

El tapiz del “World Trade Center” (1974), después de París, viajó a Nueva York. En la grabación de aquel documental, Royo me comentaba: “Estaba mirando la televisión en aquel 11-S del 2001, viendo toda aquella destrucción, como caían las Torras Gemelas de Nueva York cuando me di cuenta que allí había el tapiz que habíamos hecho para el World Trade Center el 1974”. Entonces era cuando había Aznar de presidente del gobierno y este pensó que sería un buen regalo para el presidente Bush volver a hacer aquel tapiz. Josep Piqué, que era Ministro de Asuntos Exteriores (del 2000 al 2002) se dirigió a Royo para sondear esta posibilidad: “A mí, por un lado me hacía ilusión y por otro no sabía si me estaba metiendo en algún asunto complicado. Finalmente no se hizo”.

Esta intensa actividad, viajes a París, a Nueva York, obligará a Josep Royo a dejar las clases de tapiz en la Escuela de Artes y Oficios de Tarragona. Son años de una actividad frenética tanto para Miró como para Royo. El 15 de noviembre de 1974 se produce la inauguración de la Galeria Maeght de Barcelona. El 10 de junio de 1975 es la fecha de la apertura de la Fundació Miró de Barcelona. Y el 23 de diciembre de 1976 hay la inauguración de la obra cerámica del suelo del Pla de l’Ós de la Rambla de Barcelona, que había hecho Miró con los Artigas.

El segundo tapiz que se hizo en la “La Farinera” de Tarragona fue un encargo de la National Gallery of Art de Washington (1977), de 1100 x 700 cm. Después vinieron el de la Fundació Miró de Barcelona (1979), de 750 x 500 cm., el de la “Fundació La Caixa” (1980), de 200 x 500 cm., y el de la “Fondation Maeght” de Saint Paul de Vence, Francia (1980), de 270 x 480 cm. Por cierto, de la maqueta del de La Caixa, de la parte superior izquierda, es de donde se sacaron, el famoso logo corporativo. No estaba previsto. Todos eren de grandes dimensiones.

En aquellos últimos años de la década de los setenta, por ejemplo el 1977, Joan Miró ya tenía 84 años, desarrolla una intensa y diversa actividad. En aquel año (en marzo) es cuando pinta los “Ninots” de la obra “Mori el Merma”, para el grupo Claca (Joan Baixas). El 1978 hace una gran retrospectiva en el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid y inaugura la monumental escultura “Couple d’amoureux aux jeux de fleurs d’amandier” en el barrio de La Défense de París. El 1979 hace el mural, con Joan Gardy Artigas, para el edifici de IBM en la Via Augusta de Barcelona, ahora es la Conselleria d’Ensenyament de la Generalitat; y otro para el Museu Hack de Ludwigshafen (Alemania). No podía faltar en esta relación, el 29 de abril de 1979 recibe el homenaje popular del pueblo de Mont-roig. Y aún el 1980 hará el mural del Palacio de Congresos de Madrid y el 1982 la escultura de cerámica “Dona i ocell” del Parc de l’Escorxador de Barcelona.

En el libro “Royo (a Miró, a Sant Cugat)” de Josep Canals, en la pág. 57, Josep Royo comenta que “durante tres o cuatro años viajé por todo el mundo... pero a medida que iba pasando el tiempo, me empezaba a sentir cansado...”. El 1982 Royo hace una importante exposición en la Galeria Maeght, de la calle Montcada de Barcelona; tenía el nombre de “La Farinera d’en Maeght”. Acababa de morir Aimé Maeght (6-9-1981). El gran impulsor del trabajo conjunto de Royo con Miró. Con su muerte se derrumba aquel imperio galerista. Además, dos años después moriría Joan Miró (25-12-1983). Me comenta Royo en el documental: “La última vez que vi a Miró fue a finales de noviembre de 1983, en su casa de Palma. Fue un día muy triste. Le caía alguna lágrima. Me dijo: “Adiós Pep, muchas gracias por todo”. Era un hombre muy vital, con una gran fuerza y energía”.

Aquellos años, hasta a mediados de los ochenta, fueron los años de más proyección también de la propia obra de Josep Royo. Había expuesto en la prestigiosa “Martha Jackson Gallery” de Nueva York (1979), en la “Galeria Ottini” de Turín, en la “Eva Gohon” de Chicago (1982 i 1985), en la “Galeria Maeght” de Barcelona (1986)... entre otras.

Me continua explicando Josep Royo: “Unos años después de la muerte de Miró, la familia (el yerno Teo y los nietos Emili y Joan) me propusieron hacer unos tapices partiendo de unos dibujos suyos. No habían de ser exactamente reproducciones. El primero que hice es el que hay en Mont-roig”. Es “El llangardaix de les plomes d’or” (1989). Fue una donación de la familia Miró al pueblo de Mont-roig en el Centenario Miró (1993). Está en el Centre Miró. “Fue una serie de ocho tapices. Aunque lo hice por una cuestión económica, creo que son los mejores tapices que salieron de mi taller. En este trabajo había el espíritu de Miró. Me gusta mucho que esté en Mont-roig, el pueblo del que estaba tan enamorado”.

Últimamente Josep Royo se ha dedicado a la pintura. Pude gozar de su exposición “Trajecte” (15 de septiembre al 19 de octubre de 2008), en el antiguo Ayuntamiento de Tarragona. Son pinturas impregnadas de un cierto expresionismo y donde, en algún momento (pienso), rezuma la presencia de Joan Miró. Hasta cierto punto es natural.

(1)- www.mobiliernational.culture.gouv.fr/bba/histoire-gobelins.html

(2)- www.culture.gouv.fr/culture/mobilier-national/formation.htm

(Publicado en “Ressò mont-rogenc” n. 109, 110 i 111. Marzo, junio y septiembre 2009)

Martí Rom

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